domingo, 25 de abril de 2010

Confesión Nº25: Las madrugadas sin sueño no son buenas para mí...


Yo cuando tengo tiempo ociosa (en el buen sentido de lo que eso puede significar para cualquiera que lea estos disparates), tiendo a pensar mucho; a veces barbaridades, a veces cosas tontas, otras cosas serias y otras tantas cosas que debería hacer, como recoger mi cuarto. El caso es que hace unos minutos, mientras trataba de poner en orden el caos que tengo por closet (aunque debería decir armario de Barbie, por aquello del tamaño), pasaron muchas cosas por mi cabeza, la primera fue que extraño el período en que mi cabeza podía estar vacía por 5 minutos, la segunda que guardo mucha ropa basura y tercero que algún día me burlaría de mí cuando viera fotos con las prendas que guindan en mi closet.

Volviendo al primer punto de lo que estaba pensando: Sí, extraño andar sin pensar. Cuando mi persona favorita en el mundo y yo estuvimos lejos, yo podía pasar ratos sin pensar. También había ratos en los que pensaba demasiado, más de lo que me gusta normalmente. La mayoría del tiempo me importaba poco lo que pensara la gente de mí, y me importaba mucho menos lo que pensaran del resto del mundo. En ese punto de mi vida yo solo me preocupaba por empujarme hacia adelante, y por hacerlo bien. Yo no iba arrastrando los pies, yo me hacía perseguir premios, y como ellos siempre andaban adelante de mí, debía avanzar. Casi siempre corriendo porque yo siempre he sido impaciente.

Otra cosa que extraño son los detalles. Todavía recuerdo a mi amiga, la marikita dálmata que una vez me acompañó en mi viaje, las hojas amarillas de los árboles cerca de la escuela en diciembre, y el día que después de salir de Lengua española, luego de decidir caminar, pasé bajo un árbol mientras leía poesía y un montón de hojas salieron volando a mi alrededor. ¡Eso fue de película! Además de eso, dejé de hablar conmigo y estoy empezando a extrañarlo. Creo que se estaba volviendo parte de mí establecer conversaciones filosóficas conmigo, eso, o me estaba volviendo demasiado egocentra, quizás por eso la presencia de la mayoría de las personas me resultaba molesta y evitaba cualquier contacto con cualquiera.

El caso es que me di cuenta, que las cosas no son ni tan malas, ni tan buenas como parecen. Después de todo, parece que vivimos en un mundo gris, donde hay cierto equilibrio en todas las cosas...

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