
Se puede decir, en este preciso momento, que mi vida sentimental está estable. Sin embargo, la universidad va a volverme loca. Esta semana solo he dormido la mitad de lo recomendado y no la mitad de lo que normalmente duermo. Eso quiere decir que he dormido muy poco. Toda la semana he tenido ojeras del tamaño de Brasil y el tiempo no me alcanza para nada. Aún así, tengo tantas cosas por hacer...
Ahorita quiero una doble, solo que al contrario de las películas de acción, yo quiero que haga las cosas fastidiosas y tediosas que detesto hacer, después de todo, mi vida no está cargada de emocionantes escenas donde puedo poner en riesgo mi vida. Jamás había deseado unas vacaciones con tanto fervor, aunque ahorita podría conformarme con solo una hora de relajación para descubrir por qué escribo, cosa que ya debería haber hecho.
A pesar de todo esto, esta semana ha tenido cosas muy buenas, como cuando mi profesor de Lengua Española me entregó sus motivos para escribir escritos en un papel y, después de leerlos, sentí que en el algún momento, dentro de cualquier agujero negro o galaxia paralela, él pudo ser el hombre de mi vida (jajaja, ¡qué exagerada!). Ok, ya en serio, si las cosas no se dan como espero con todo mi corazoncito de melcocha (¡qué cursi!), espero que Dios se apiade de mí y en algún momento de toda mi existencia me mande uno igualito a él con 20 años menos.
También fue muy bueno mi momento Elle Woods en clases de Francés (se supone que ese tipo de cosas quedaban solo entre Elie y yo, ahora lo saben todos mis compañeros...), mi tarde completita viendo el mar en compañía de mi persona favorita en todo el mundo, la sensación única de entregar el trabajo que me sacó canas verdes durante toda la semana, pero lo mejor, lo mejor de toda la semana, fue cuando ayer, a las 4 y 30 de la tarde, después de salir de una clase de portugués de 3 horas y media, supe que al fin podría dormir, aunque solo fuesen 8 horas...