
¿Recuerdan el ataque de egocentrismo de unas cuantas entradas atrás? Bueno, ésta es la continuación. Para aquellos con una réplica para el tema (dudo que los haya, no hay lectores) sólo puedo decir en mi defensa que estoy libre y sin ningún tipo de oficio.
Lo primero que diré es un dato curioso bastante extraño: Me gusta fregar platos. Quizás tenga que ver con el hecho de que puedo mojarme. Sigo odiando y temiendo a las inyecciones como el primer día, la única diferencia es que ya no lo demuestro, dejé de llorar. Hace poco me inyectaron sorpresivamente y pasé todo el día con dolor en el brazo, las enfermeras son cada día más rústicas. Puedo ser personas distintas, todo depende de mi estado de ánimo y de mis necesidades. Tengo tantos amigos que siento que no tengo ni uno.
La mayoría del tiempo es difícil para mí creer en los demás. Quiero ser flaca, comer sano y no ser diabética cuando tenga 30. Lo único que me separa de eso es mi gusto por las donas, el refresco, los chocolates, las hamburguesas, los doritos y la chatarra en general. No tengo comida ni artista favoritos. Me gusta hacer ejercicio. Odio los dolores de garganta y la picazón en el oído. Hago más gestos con mi cara de los que me gustaría, lamentablemente, por culpa de ellos no puedo esconder mis emociones. Me gusta leer, pero no todo lo que consigo. Ahora leo un excelente libro que me prestó mi segunda persona favorita en el mundo. A él no le gustó.
Paso horas interminables en internet haciendo nada, adoro el olor de la canela y de la sopa de pollo recién hecha. Amo bañarme con agua helada, quiero una remodelación para mi cuarto y a veces también quiero que Donald Trump sea mi papá. Mi lugar de relajación favorito está en la parcela de mis padres, abajo de los árboles de limón y aguacate. Mi imagen favorita en el mundo es la mirada de mi segunda persona favorita en el mundo mirándome como sólo él sabe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario