domingo, 31 de enero de 2010

Confesión Nº 7: Todos van más rápido que yo


En esta época donde más es sinónimo de mejor: más calidad, más cantidad, más rápido, más flaca, más alta, más fuerte; siento que voy, pero mucho más atrás que los demás. Yo prefiero llevar mi propio ritmo, aunque ello a veces valga que no encaje en ningún lado. En ocasiones me pregunto si a este paso al mundo no le llegará un momento en que decida que está aburrido, que está cansado de escuchar las mismas historias con diferentes protagonistas y decida al fin que lo más interesante que puede hacer, es morir poco a poco e ir disfrutando lentamente de su sufrimiento. De hecho, creo que es exactamente lo que está pasando. En este momento el mundo está cansado del hambre, de las guerras, del montón de homicidios diarios, de los desastres naturales, de las reconstrucciones, de los viajes, las comidas, los chismes emocionantes que dejan de serlo en algún momento, del sexo con la misma persona, el sexo con diferentes personas, la falta de sexo, del trabajo, las fiestas, del alcohol, la playa y de Roma y París. Sin embargo, nadie hace nada por frenar la situación. Ya todos olvidaron vivir de otra forma.

Pienso que el mundo se está hartando de todo porque ahora puede con todo al mismo tiempo, porque eventos que antes eran magníficos porque ocurrían durante determinado tiempo, dejaron de serlo porque ahora forman parte de la cotidianidad. Yo, mientras tanto, sigo en mi mundo paralelo observando como pasa todo, llevando mi propio ritmo y pensando qué hacer cuando sea solo yo.

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