miércoles, 6 de marzo de 2013

Confesión Nº268: Hablaré de algo que no acostumbro aquí

Sí, hablaré de Política aquí porque pienso que lo amerita, necesito dejar constancia para poder recordar este episodio mucho más adelante. Cuando me enteré de la muerte de Chávez, acababa de llegar de la universidad, estaba recién prendiendo la computadora y alguien me dijo que ya habían anunciado su muerte. Inmediatamente prendí la TV y efectivamente, estaba Nicolás Maduro vestido con una camisa Columbia blanca rodeado de un montón de militares, de Cilia Flores, de Diosdado Cabello y de más gente que en este momento no consigo recordar, mientras fingía un llanto que no conseguí explicarme y daba un discurso acerca de lo que su muerte representaba, qué debía hacer "el pueblo" y un montón de cosas más. 

Al momento estaba algo impactada, porque sí, yo imaginaba que él ya estaba muerto, pero jamás vi venir que al fin lo dirían. De hecho, ayer el cielo andaba muy gris, el ambiente se sentía algo tenso y andaba hablando con compañeros de clases acerca de la situación política del país y de lo que su entierro conllevaría. Déjenme decirles que no me he equivocado en mis predicciones. Todo esto me parece un circo. Más allá de que era un gran líder y de que todos quieren rendirle homenaje, me pareció que el recorrido de su ataúd por Caracas fue una burla y una falta de respeto, eso sin mencionar los aplausos en la Academia Militar, que su familia fuese puesta detrás de los gobernantes de otros países que vinieron a presentar sus respetos y el hecho de que Maduro haya sido declarado Presidente encargado cuando esa función debía asumirla Cabello. 

Su muerte no me alegra, pero tampoco es algo que me entristezca. No tengo edad suficiente para recordar cómo era la política del país antes de su llegada, pero su mandato me pareció una real mierda. Lo único que se le puede reconocer es que puso en relieve una clase que siempre había sido dejada de lado, sin embargo, gracias a sus políticas económicas ineficaces, sumergió a muchas más familias en esa clase. Durante su mandato, la delincuencia aumentó a niveles alarmantes y dejó consecuencias desastrosas, la inflación fue una constante todos los días; causó el exilio de centenas de miles (cuidado sino millones) de venezolanos que no estaban de acuerdo con su mandato y que vieron en el exterior la oportunidad de crecer y llevar a cabo sus planes y sueños,  provocó una división demasiado notoria entre todos en el país e infundió el odio entre unos y otros, comenzó a hacerse mucho más visible que somos un país monoproductor, comenzamos a depender de la comida que importamos de países cercanos, creció la escasez de alimentos, al igual que el conformismo y la mediocridad (este aspecto en particular me molesta bastante). 

Muchas familias fueron despojadas de los bienes por los que trabajaron durante décadas para que éstos pasaran a convertirse en propiedad del Estado y en recursos infructuosos para el país, muchas personas fueron tomadas como presas políticas (aunque ésta no es una característica única de su gobierno) por ir en contra de la ideología del gobierno y jamás se cansó de ofender a otros. Jugó con las ideas de muchos al promover y alentar ideas que no aplicaba en su propia vida y aún en sus últimos días, se dedicó a engañar a una mayoría que creía firmemente en todo lo que decía. Todo esto provocó que mucha gente que verdaderamente creía en él dejara de hacerlo porque se cansaron de ver cómo jugaba con sus esperanzas. Todavía recuerdo la emoción de mis padres en 1998 cuando ganó, me hicieron creer a mí, una niña de 7 años recién cumplidos, que todo estaría bien, pero no, no fue así, de hecho la situación fue empeorando día a día. 

A este señor no puedo desearle nada que él no le haya deseado a otras personas. Crecí escuchando sus barbaridades a través de sus programas dominicales y cadenas. Ahora que no está, me queda un sentimiento de vacío en el estómago porque tengo la duda de qué pasará con mi Venezuela hermosa, la de las playas inigualables, la de las mujeres hermosas, la de la gente cordial, la segura, la que acoge siempre a gente extranjera y brinda oportunidades fantásticas para crecer... Su partida me hace preguntarme si volveremos a ser reconocidos por eso o si su paso nos habrá marcado para siempre, me hace preguntarme cuánto tiempo más vivirán engañados los venezolanos antes de darse cuenta de que todo este cuento fue una mentira y aún más importante, me hace preguntarme si no será demasiado tarde para cuando se den cuenta. A mí, una venezolana enamorada de su tierra, no me queda más que seguir trabajando para lograr una sociedad mejor, un país mejor y si en algún momento me canso de dar y dar y no recibir nada, porque todos en algún punto nos cansamos, me iré, pero regresaré algún día, aunque sea sólo a morir, como un día lo hizo Chávez. 


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