Hoy fue un día bastante chévere. He notado que cuando cargo la camisa que tenía hoy siempre pasan cosas buenas. Empezaré contando lo que pasó después de la entrada anterior. Después de terminar, me fui caminando desde el laboratorio de idiomas hasta el edificio donde normalmente veo clases. Pasé por el cafetín y me conseguí con mi grupito de portu, entre ellos Mi compañera de retardos. Andaban hablando de cómo les había ido en su examen de Consecutiva de inglés y luego empezamos a hablar de emigración y todos se quieren ir. Una del grupo es ucraniana y está muy molesta con todo lo que pasa porque dice que todo es un circo, que ninguno de ellos conoce el Socialismo de verdad para andar hablando de él, su familia vivió en la Unión Soviética y sus ojos se aguaron cuando habló de eso. Mis límites de tolerancia en cuanto a irme o quedarme todavía no han alcanzado su punto álgido, así que espero que continúe así durante los próximos 2 años.
Después de estar un rato discutiendo en el cafetín, fuimos a clases de Consecutiva de portu y fuimos felices mientras la profe nos daba un montón de vocabulario médico en portugués y hablábamos de su fiesta de cumpleaños. Después tuve una exposición, fue más fácil de lo que pensé, pero comprobé que ni me gusta ni sirvo para ser profesora. Odio el hecho de tener que pararme frente a un pizarrón a tener que dar una clase mientras soy juzgada por los demás. Bueno, después de eso salí corriendo a mi clase de Simultánea de Francés en el laboratorio de interpretación y fue que si la primera vez que salí feliz de allí desde que comenzó el año. La profe me felicitó y me dijo que tenía pedazos muy buenos, pero que de repente me dejaba ganar por los nervios y eso hacía que mi discurso dejara de comprenderse en algún punto. Yo sé que ustedes dirán: no te dijeron que lo hiciste todo bien, pero a mí no me importa. Ese simple comentario de hoy me subió los ánimos. Ustedes no se imaginan cuán desmotivada andaba con interpretación de francés. Afortunadamente tuve una conversación con un profe el lunes y los comentarios de mi profe de hoy hicieron que recobrara un poco de motivación. Es que ustedes no entienden: al comenzar el año yo no era capaz de conseguir realizar una idea completa. Me quedaba pegada siempre porque no entendía, porque mi cerebro pensaba muy lento o por muchísimas otras razones que sólo entenderá un intérprete.
Luego tuve mi clase de Simultánea de portugués y discutimos un montón de cosas. Hicimos interpretaciones y mi profe me felicitó por mis terminaciones, pero tengo que mejorar el comienzo de mi discurso. Esto me dio mucha risa porque Mi compañera de retardos y yo normalmente nos sentamos juntas y nos ayudamos una a la otra, pero resulta que hoy ninguna de las 2 la pegó (jajajaja). Después de salir de clases, me estaba esperando Mi compañero de aventuras con una sonrisota y eso, por algún motivo, me mejoró la tarde. Me contó cómo se encontró a El gordito ayer mientras íbamos a comer. Comí, me medio arreglé porque algo me decía que hoy también yo lo vería (tal vez eran mis ganas de verlo) y nos fuimos al Metro mientras hablábamos de gramática, de gente que nos cae mal, de gente que nos cae bien, de la fiesta de cumpleaños de mi profe de Simultánea y Consecutiva de portugués, de lo malos profesores que seríamos y así un montón de cosas más. Llegamos a Capitolio, sólo quedaban 4 puestos en el bus y ahí estaba él, sentado, impasible, encerrado en su propio mundo. Halé a mi compañero de aventuras y me sentí en el cielo cuando le pase por el lado. Justo ahí me llevé una sorpresa porque La comunicadora que estudió Sociología estaba sentada a su lado y acababa de darse cuenta que era él y yo que ella estaba ahí. Fue todo una sorpresa.
Ella decidió venirse hacia donde estábamos Mi compañero de aventuras y yo y comenzamos a hablar como siempre, mientras me daban pequeños períodos en los que no escuchaba y me abstraía por andar pendiente de El gordito. Cuando logré dejar de hacerlo, hablé de muchas cosas interesantes con La comunicadora que estudió Sociología y terminamos poniéndonos filosóficas. Así pasamos todo el camino, El gordito de repente nos veía por el rabillo del ojo (íbamos a su lado, pero un poquitito más atrás) y aún así continuamos con nuestra conversación interesante sobre literatura y medio filosófica. Así llegamos todos al pueblo. Mi compañero de aventuras ya estaba fastidiado de nosotros y caminamos todos juntos, incluido El gordito. Yo iba a buscar helados de galleta Oreo (no había, como siempre -.-), Mi compañero de aventuras y La comunicadora que estudió Sociología a su casa y El gordito a comprar algo en el supermercado, pero estaba cerrado. Nos dejó a mitad de camino y mi ánimo bajó. Llegué a casa de La comunicadora y me devolví a la panadería. Lo encontré nuevamente, andaba con su mamá. Allí me di cuenta que me mira cuando cree que no lo veo. Sólo debo bajarle 5 mil a mi ansiedad y dejar que todo fluya. Mientras tanto, me iré a dormir porque mañana será un día largo, no ajetreado, pero sí largo. Los dejo con Retroceder, de Los mesoneros.
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