He descubierto que probablemente me cueste un montón
olvidarme de él. El motivo, más que
quererlo un montón (que sí lo quiero, pero pasará) es que me gusta ese
estado de dama en apuros esperando que llegue el caballero con su armadura
(oxidada o no) para salvarla. A mí me gusta estar triste y tener ganas de
escribir y no tener ni puñetera idea de lo que me depara el futuro. A mí me
encanta imaginarme cómo serán las cosas y luego descubrir que la vida jamás
será como siempre imaginé que sería. Yo adoro ese estado de reconstrucción y de
esperanza que viene luego de terminar una relación. También la sensación de
alivio y las ganas inmensas de que todo sea diferente cuando sé que las cosas
no cambian.
Yo soy una completa romántica, aunque jamás he apoyado la idea
pendeja de la perfección. Yo no creo en la monogamia, pero me encantaría
encontrar a alguien que me quiera para toda la vida, alguien cuyo amor sea
incondicional. Yo sé que muchos pensarán que estoy loca y que es imposible que
el amor verdadero vaya acompañado de terceras personas, pero ¿no consideran que
estar amarrados a alguien de por vida es fastidioso? Yo creo que ésta es la
causa del fin de las relaciones hoy en día. Yo digo: todos sabemos que en algún
punto de una relación alguno de los dos miembros (o los dos) termina queriendo
experimentar con alguien más, y en algunas ocasiones esto no quiere decir que
te quieran menos, sino que es necesario un respiro en medio de toda la
monotonía.
Lo que quiero decir
es que yo no creo en el típico final feliz con la casita, los perritos y
el montón de muchachitos, porque tarde o temprano todos terminamos cansados de
la perfección. En cambio creo en la libertad, en el amor verdadero, en la
decisión con convicción de pasar el resto de tu vida con alguien porque quieres
hacerlo y no porque debes. Creo también en la honestidad, en las miradas
tiernas de agradecimiento y en la cooperación en un medio en el que todos somos
considerados iguales. Después de leer esto muchos pensarán que pienso así luego
de que terminé con el corazón roto, pero no. En el paréntesis que representaron
esos casi cuatro años en mi vida, yo comencé a creer en el matrimonio, en los
muchachitos, en la casita, en el maridito y en la vida perfecta a causa de la
persona que estaba conmigo en ese momento.
Esa persona quería
todo eso y yo estaba tan cegada por mi “amor” que en ningún momento me puse a
pensar si realmente valía la pena dejar de lado lo que había comenzado a creer
a partir de los 13, cuando descubrí que el mundo no era como Disney me había
dicho toda la vida que era. Hoy, después
de haber cerrado gran parte de ese capítulo en mi vida, puedo decir que vuelvo
a retomar todo aquello que siempre creí. Y sí, volveré a creer en mis historias
trágicas que nunca son perfectas y volveré a enamorarme sola y me seguiré
consiguiendo a sapitos que tendré que besar hasta al cansancio. Todo eso hasta
encontrar a la persona que espero, porque sí, a mí me encanta hacerme la
víctima, ¿y qué?
P.D. Esta vez quiero
escuchar My happy ending de Avril Lavigne. ¿Que por qué? Pues porque me da la
gana. ¡Sean felices, niños! (Este post fue escrito el 07/01/12, cuando andaba sin internet).
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