Cuando empecé con mi período depresivo, como en enero o febrero del año pasado, yo empecé a descuidar la manera en la que era vista por los demás. Yo salía de mi casa como una loca, casi que sin peinarme. Cuando mi período depresivo estuvo en su apogeo se podrán imaginar como lucía yo. Hoy, gracias a todos los Dioses de todas las religiones que hay en el mundo, estoy volviendo a parecerme a mí. Toda esta semana he procurado arreglarme y parecer gente y la verdad es que ha dado resultado, porque no sólo yo he visto el cambio, todos mis amigos y compañeros de clase lo han notado.
Ver cómo cambié tan de repente me hizo pensar en muchas cosas. Lo primero que me pregunté fue por qué yo me había convertido en esa persona que veía (o mejor dicho, que no se veía) en el espejo. Luego empecé a preguntarme por qué dejé que esa persona se quedara conmigo durante tanto tiempo, porque esa en realidad no era yo. Por último, me pregunté por qué me dejé vencer por todos mis problemas, porque al hacerlo, me estaba perdiendo a mí y yo soy la única persona que no se puede perder de mi vida. Cuando terminé de pensar, la única respuesta que obtuve fue que por un tiempo, se me había olvidado pensar en mí, se me había olvidado quererme.
Hoy, después de ver como metí las dos patas hasta la cintura, no quiero hacer otra cosa más que pedirme disculpas. Pedirme disculpas por dejar que mis problemas con un carajo que no valía la pena me afectaran tanto, pedirme disculpas por dejar que los líos con mis papás, sobre todo con mi mamá, me destruyeran, pedirme disculpas por dejar que los problemas económicos me agobiaran, pedirme disculpas por no ser capaz de superarlos y seguir adelante, pedirme disculpas por haberlos querido tanto a ellos durante mucho tiempo y haber olvidado quererme a mí. Me siento como una tonta por haber olvidado lo que repetía la psicóloga de mi colegio de monjas cada vez que hablaba con nosotros: primero yo, segundo yo, tercero yo y luego, si puedo, me acuerdo de los demás. Un consejo tan tonto y tan egoísta se me olvidó durante mucho tiempo y me dañé un montón. Lo bueno es que me di cuenta y todavía no es tarde para hacerlo. Mi nuevo amiguito, el realista de cabello negro, me ha ayudado un montón con sus consejos aleatorios. Estoy empezando a estar feliz (yo digo estar porque no creo en el ser feliz), así que creo que estoy volviendo a quererme y esto se siente muy bien jajaja.
P.D. Había pensado escribir una comparación para esto último, pero al final decidí que no. Cuando la recuerde en el futuro me reiré un montón. Esta canción que voy a dejar es justo lo que siento ahora, todavía no hay nada escrito, así que me voy a tirar al vacío con un grito y las manos arriba a ver que pasa (es una metáfora).
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