
Me extraño. Corrección. Extraño demasiado a la persona que era hace muchísimo tiempo. Ahora busco y busco en el espejo y siempre me encuentro con alguien que no conozco. Me encuentro cada vez más lejos de la niñita dulce de ojos brillantes con ganas de comerse el mundo. Hoy sólo está conmigo la muchacha que está cansada de llorar porque se han encargado de mancillar lo que era poco a poco, unas veces por culpa de otros y otras tantas por culpa de ella. Me veo en el espejo hurgando dentro de mi mirada triste a ver si encuentro lo que era, pero nada que ver, el dolor está encima de todo como si fuese una pesada capa de cemento encima de una tumba.
A veces creo que he sido muy débil de cáracter. Otras estoy segura de ello. El espejo, mi compañero en la búsqueda de lo que era, sólo reproduce imágenes distorcionadas de mí. La mayoría del tiempo siento que las odio mientras el espejo me sonríe, como si me invitara a que continúe buscando. En algunas ocasiones siento suficiente valentía como para dejar de buscarla a ella, a la que extraño, y construir una nueva yo con un carácter suficientemente fuerte como para que nadie pueda lastimarle. Esa valentía desaparece cuando pienso en el reto que representaría hacer un cambio tan grande.
Con todo esto estoy empezando a pensar que el único error en toda esta situación es el miedo. Debería dejarlo de lado y seguir caminando, como si fuese una niña que se cayó mientras corría, y que se levanta porque tiene ganas y porque debe seguir corriendo. A lo mejor por eso es que vivo buscándola a ella, a la que dejé que mataran por miedo a alzar la voz, por miedo a dejar de gustarle a los demás. Ahora me aqueja un mal mayor, dejé de gustarme a mí misma...
A veces creo que he sido muy débil de cáracter. Otras estoy segura de ello. El espejo, mi compañero en la búsqueda de lo que era, sólo reproduce imágenes distorcionadas de mí. La mayoría del tiempo siento que las odio mientras el espejo me sonríe, como si me invitara a que continúe buscando. En algunas ocasiones siento suficiente valentía como para dejar de buscarla a ella, a la que extraño, y construir una nueva yo con un carácter suficientemente fuerte como para que nadie pueda lastimarle. Esa valentía desaparece cuando pienso en el reto que representaría hacer un cambio tan grande.
Con todo esto estoy empezando a pensar que el único error en toda esta situación es el miedo. Debería dejarlo de lado y seguir caminando, como si fuese una niña que se cayó mientras corría, y que se levanta porque tiene ganas y porque debe seguir corriendo. A lo mejor por eso es que vivo buscándola a ella, a la que dejé que mataran por miedo a alzar la voz, por miedo a dejar de gustarle a los demás. Ahora me aqueja un mal mayor, dejé de gustarme a mí misma...
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