jueves, 24 de noviembre de 2011

Confesión N°101: Compré un regalo y ahora me siento la propia estúpida.

Hace casi 2 meses me pidieron el favor de comprarle libros a alguien según mi elección. Yo nunca lo hice. Hoy lo hice no como un favor sino como un regalo. Estaban vendiendo libros en el medio del pasillo de la escuela por casualidad y encontré una joya: la biografía de John Adams en inglés escrita por el premio Pulitzer David McCullough. Estaba en la mesa solito y nadie lo vio. Bastó que yo lo agarrara para que todos lo quisieran. Tiene páginas a color con imágenes relacionadas con la vida de Adams y lo mejor es que está practicamente nuevo. Todos me dijeron que para qué lo quería si yo no estudio inglés, de hecho varios intentaron convencerme de que se los vendiera. Los mandé a todos al carrizo y mi amiga la karateca me dijo que esta vez no me apoyaba con la causa de mi comportamiento. Mi compañera de retardos también me dijo que no entendía. Yo decidí hacerme la loca. También compré otro sobre las decisiones de la Suprema Corte de los Estados Unidos. De éste me arrepentí después. Debí verle la fecha, es de 1999. ¿Saben cuánto han cambiado las cosas en 12 años?

El caso es que venía en el bus hablando con mi compañera de retardos acerca de muchísimas cosas (es demasiado chévere hablar con ella, es parecida a mí y nunca nos callamos jajaja) y también venía pensando en lo idiota que soy por haber comprado ese regalo (Me encanta la división de intérprete de mi cerebro). El caso es que me siento como un tuqueque por aquello de lo rastrero. Ahora tengo ganas de tirar los libros al Guaire, aunque nunca haría eso porque los libros nunca tienen la culpa de lo que nos pasa. No sé todavía qué  haré con los libros, supongo que cumplir con el fin con el que los compré. Igual se siente raro hacerle un regalo a alguien que ya no está, just saying.

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