La mamá de Él me regaló un libro maravilloso de Horacio Quiroga que amo con locura por ser una compilación de cuentos que puedo leer de manera desordenada y que me acompaña a dónde voy porque me distrae cuando no hay nada qué hacer. Hablando de ella, todavía no sé qué haré con respecto a eso. Es bastante difícil separar el hecho de que es su mamá y de que es una buena persona y no tendría por qué romper lazos con ella. Estoy volviendo a integrarme a la sociedad, ando saliendo y hablando con gente. Me quedo en la uni hablando montones con mis amigas, salgo a comer con mis amigos y de vez en cuando salgo con mi hermano y sus amigos.
Anduve leyendo post viejos y todo parece un ciclo que se repite una y otra vez. Yo debí saber desde la primera vez que esto pasaría. Desde que agarró el avión hacia allá por primera vez me dijo que no estaba entre sus prioridades. Y me siento tonta por haber perdonado a alguien que fue capaz de decirme eso. A veces me pregunto si en algún momento fue sincero conmigo cuando me decía que le importaba, que me amaba y que quería pasar el resto de nuestra vida juntos. Todavía me pregunto si no estuve siempre con un desconocido a quien no le importaba con quién estaba mientras estuviese con alguien. Y me siento mal, porque es como si sólo hubiese sido un objeto. Yo necesito verlo a la cara y hacerle un montón de preguntas que todavía tengo. Sé que nunca las va a responder pero yo necesito ver aunque sea su cara de frustración al no poder hacerlo.
Tengo ganas de comer gomitas salvavidas, sobre todo de las rojas. Sin embargo, la semana que viene empiezo el Reto Olímpico. Es una especie de reto que me puse a mí misma. Una de mis mejores amigas (la karateca) me ayudará entrenándome en el estadio Olímpico de la universidad. La meta es un kilo por semana durante 5 meses para un resultado de 20 kg menos y un cuerpo en forma y saludable para cuando termine el reto, aunque la verdadera meta es mantenerme después de terminado todo. Con esto también pretendo recuperar un poco de confianza y autoestima, además de la torre de ropa metida en un bolsa negra que está esperando que yo me digne a mover el trasero para poder estar juntas de nuevo.
Tengo ganas de dejar la carrera. No lo hago sólo porque mi mamá pegará el grito en el cielo. Quiero estudiar psicología con todo mi ser. Estoy cansada de estudiar en una escuela donde nunca toman en cuenta la opinión de los estudiantes y donde no hago más que sentirme frustrada porque cada vez que me esfuerzo para conseguir algo consigo muchísimo menos de lo que esperaba. Lo peor del caso es que hay muchísima gente dentro de esa escuela que se siente igual que yo y todo es por culpa de los jefes de departamentos y profesores en general que no motivan a los estudiantes. De hecho mi escuela tiene el mayor índice de consultas al psicólogo en toda la universidad. Así que probablemente la semana que viene pase a formar parte del promedio.
Por lo pronto yo sólo quiero que llegue carnavales para poderme relajar en una playa leyendo un libro y luciendo medianamente decente metida (o desvestida) en un traje de baño.
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