Yo soy una orgullosa estudiante de la Universidad Central de Venezuela. Yo amo mi universidad tanto como amo ver atardeceres, escribir, comer chocolate y a todos mis familiares y amigos. Desde pequeña siempre me imaginé estudiando allí, en la UCV, la casa que vence las sombras. Al empezar a estudiar en la UCV aprendí a no sólo querer estar allí, sino a amarla y a disfrutar todas y cada una de las cosas que tiene para ofrecer: el comedor con la comida en bandejas que te hacen pensar que estás en una cárcel, las caminatas dentro de la obra de arte que es la universidad en sí, las bibliotecas con el montón de cosas que puedes encontrar en ellas, desde información hasta la paz que necesitas para pensar; los servicios de salud, las charlas en el transporte con los amigos, pero sobre todas las cosas mi querida Tierra de Nadie, ese lugar en el que todos van a olvidar preocupaciones y a celebrar.
Desde que estudio allí es increíble la cantidad de atentados que ha recibido: atentados a salones, a oficinas, a carros y hasta a personas que sólo estaban trabajando o estudiando. El viernes fueron las elecciones para centros de estudiantes y para la Federaación de Centros Universitarios. Hace unos días habían quemado unos carros, entre ellos el de la Rectora, y se sospechaba que el culpable era un estudiante del partido oficialista llamado Kevin Ávila. Lo expulsaron durante un año de la universidad por faltar el respeto a las autoridades en pleno Consejo Universitario y no por lo que se supone que hizo porque no se tenían pruebas. Intervino el Tribunal Supremo de Justicia y lo reintegraron a la universidad. Se lanzó a la FCU y perdió. En medio del conteo de votos entraron a mi universidad y quemaron la entrada al Aula Magna y parte de la Plaza Cubierta, además de varias máquinas para el conteo de votos y parte de los mismos, en fin, fue todo un desastre.
Al final nadie obtuvo lo que quería, él perdió la FCU, nosotros perdimos el Aula Magna. Y se siente tan feo que algo tan hermoso y que nada tenía que ver en el conflicto haya salido dañado. Una cosa es lo que sientas hacia las autoridades y hacia los partidos políticos universitarios y otra cosa es meterte con la universidad, que además de ser patrimonio cultural de la humanidad, es la casa a la que vas todos los días, que te recibe siempre con los brazos abiertos y a la cual le debes muchísimo de lo que eres. A la próxima, un poquito más de inteligencia y un poquito menos de violencia.
Atentamente,
Una Ucevista a la que le duele su universidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario